Gaggenau

El sabor
de la tierra.

La joven viticultora siciliana Arianna Occhipinti produce excelentes vinos biológicos que hablan del suelo en el que crecen.

La región en torno a Vittoria, una pequeña localidad situada al sudeste de Sicilia, es una de las zonas menos prósperas de Italia. Precisamente por eso resulta aún más sorprendente lo que consigue la joven viticultora Arianna Occhipinti.

Arianna nació en la isla. Ha viajado mucho y ha estudiado en Milán, pero ha vuelto a sus raíces. "Vittoria, el vino, los viñedos y sus muros de piedra, esa es mi tierra", afirma. Es vigorosa, con una voz firme y profunda pasión en sus ojos marrón oscuro. Una verdadera siciliana.

Arianna derrocha energía. Resulta difícil seguirla mientras controla sus vides. Con una mano dirige a su equipo, con la otra atiende constantemente el teléfono. "En la bodega cambiamos cada diez minutos algo que la hace especial. La sensación cuando te levantas por la mañana es muy diferente a la que tienes cuando te acuestas por la noche."

En cuanto toma una decisión, ya no hay vuelta atrás. Avanza infatigablemente.

Por su vigesimoprimer cumpleaños les pidió a sus padres un regalo: una hectárea de vides en Fossa di Lupo. "Cuando comencé con la viticultura solo tenía esa hectárea, un cubo de plástico y un tanque de acero usado. Nada más. Y fue genial porque aprendí a hacer vino sin tecnología ni artificios."

El primer año llenó 4000 botellas de vino. Un comerciante de vino de Nueva York la descubrió y le compró casi toda la producción, y ahí comenzó su andadura. Ha recibido elogios del New York Times.

Echando la vista atrás, sabe perfectamente lo que era importante en sus inicios: "He crecido solo con la ayuda de las personas que creyeron en mí desde el principio, cuando no era nadie, solo alguien insignificante, y mis vinos totalmente desconocidos."

Arianna ha seguido siempre su propio camino. Renuncia al riego de los viñedos —una práctica habitual en Sicilia— y sobre todo a los plaguicidas químicos. "Son veneno puro", afirma. "En Sicilia tenemos un enorme potencial para obtener vinos biológicos, las condiciones climáticas son casi perfectas, es un error no producir de forma biológica."

Su viñedo debe perdurar. Las aves anidan en las vides. En el viñedo planta semillas de haba entre las vides y deja que crezcan hierbas y flores. "Cuando hay flores en el viñedo todo funciona mejor. Ayudan a liberar importantes nutrientes en el suelo, así que dejo que florezcan sin límite. Las abejas también vuelven al viñedo y así se cierra el ciclo."

"Vittoria, el vino, los viñedos y sus muros de piedra, esa es mi tierra", afirma Arianna Occhipinti.

La bodega se mantiene lo más sencilla posible. Levaduras silvestres fermentan el vino, vendimiado a mano. Así se le da el tiempo que necesita para madurar. La naturaleza y la meticulosa selección de Arianna en los viñedos confieren calidad y carácter a las uvas. En la bodega no quiere cambiar nada más.

En la actualidad Arianna Occhipinti cuenta con más de 25 hectáreas de tierra. Además de los viñedos posee olivares, planta en sus campos tipos de cereales antiguos y trabaja con colmenas.

En plena naturaleza es donde mejor se siente, con sus vides, sobre el terreno calcáreo y rojizo que tanto le fascina. "Quiero que mi vino hable del suelo en el que crece", explica Arianna, reiterando una vez más que sus vinos no nacen en la bodega, sino en las viñas. Las centenarias variedades de vid de la isla, Frappato y Nero d’Avola, estaban ya muy arraigadas en estas tierras. Precisamente por eso es tan importante un suelo sano. Y otra cosa importante: "Las vides están plantadas sobre suelo calcáreo. Me estaría engañando si en mis vinos buscara algo que no fuera elegancia. Eso es lo que siempre he buscado. Seguramente porque crecí con el Frappato. Esta variedad tiene una frescura increíble en Vittoria."

Son las peculiaridades del suelo y del clima, el calor del día y el fresco de la noche, los que dan a la vid su acidez y sus delicados frutos. Solo aquí podemos encontrar los finos aromas y la precisión que distingue tanto a los vinos de Arianna de los opulentos y fuertes vinos por los que es conocida la isla. "Es el vino que quería hacer. El vino que quiero beber. Si tuviera que mudarme a otra región, seguiría buscando las mismas cosas."

"Quiero que mi vino hable del suelo en el que crece", explica la viticultora.

Lo que la joven ha conseguido en esta región desfavorecida no tiene precedentes y marcará un antes y un después en la industria vinatera y la siguiente generación de Vittoria. Arianna Occhipinti no solo muestra cómo podría ser el futuro de la viticultura siciliana, sino que da buena cuenta de ello. Pese a todos los contratiempos. En el pueblo muchos dudaban de que una mujer pudiera convertirse en viticultora, sola, en esta isla dominada por los hombres. Pero Arianna no se amedrentó. "Es importante centrarte en tus propias ideas, porque la idea es algo que tienes desde el principio hasta el final de tu vida. La idea es lo más poderoso que tienes."

Texto: Felix Watzka

Fotos: Maurice Haas

www.agricolaocchipinti.it

La joven siciliana deja crecer hierbas y flores entre las vides: "Mi viñedo debe perdurar."

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