Gaggenau

Un lienzo para la nueva
cocina nórdica.

La ceramista polaca Magdalena Kałużna, de 24 años, crea la vajilla para los
mejores platos. Varios de los aclamados chefs de la revolución culinaria
escandinava confían en los platos y tazas de la artista, que son el contenedor perfecto para sus creaciones.

Cuando el prestigioso chef Kristian Baumann preguntó a Magdalena Kałużna si podría hacerle la vajilla para 108, su nuevo restaurante de Copenhague, ella simplemente le respondió que sí.

"Pero nunca en toda mi vida había hecho un plato para un restaurante", sonríe Kałużna.

Copropiedad de René Redzepi, el restaurante 108 es considerado el hermano pequeño del Noma. Las ambiciones son considerables y la vajilla tenía que ser acorde con el estilo informal del restaurante, que combina una gastronomía exquisita con la cocina del terruño.

Cuando finalizó sus estudios de bellas artes en la Universidad de Tecnología de Poznań (Polonia), Magdalena Kałużna hacía esculturas. Había decidido seguir a su novio, con el que llevaba cuatro meses, a Copenhague. Pero Magdalena Kałuzna apenas conocía a gente en la capital de Dinamarca, no tenía ni idea de qué hacer, y su novio trabajaba a menudo 16 horas al día como chef.

"Hacía mis esculturas con arcilla y empecé a buscar un trabajo que tuviera algo que ver con la cerámica. Conseguí un trabajo de media jornada en Uh la la, estudio y tienda de un ceramista donde podía cocer mis propias creaciones tras el horario de trabajo", recuerda Kałużna, de 24 años.

Magdalena Kałużna aprendió a hacer porcelana y a cocerla, pero eso fue todo.

"Los ceramistas se guardan para sí mismos sus pequeños secretos. Es así y no estoy segura de si le explicaría a un asistente que viniera a trabajar conmigo cómo hago exactamente el esmaltado", afirma Kałużna.

Un buen día apareció Kristian Baumann y le pidió que le hiciera su nueva vajilla. Antes de ser capaz de presentarle algo, Magdalena Kałużna pasó horas frente a la pantalla del ordenador viendo vídeos en YouTube sobre cómo trabajar el esmaltado y cómo dar forma a los moldes de escayola. Y necesitaba su propio espacio para trabajar.

Kałużna nos muestra su pequeño taller de Copenhague, destacando la ayuda que recibió de sus amigos. "Un ceramista que conocía había oído que iban a tirar este torno. Esta mesa me la dio un amigo, y otro amigo me prestó dinero para el horno".

Pronto, Magdalena Kałużna le presentó el primer plato a Kristian Baumann: un plato sencillo y de color claro con el reverso de un azul intenso. Transmite una sensación rústica pero delicada. Le gustó nada más verlo.

El trabajo de un ceramista siempre incluye algunos secretos muy personales que le permiten obtener un resultado concreto.

"Este azul está hecho especialmente para 108 y va con los colores del restaurante. Ese esmaltado es solo para ellos", nos cuenta Kałużna.

Hasta el momento ha creado más de mil platos para el nuevo restaurante, trabajando día y noche al calor del horno. Hacer un plato lleva tiempo. Darle forma, cocerlo, pulirlo, esmaltarlo y volver a cocerlo puede llevar fácilmente una semana. Eso si no hay ninguna sorpresa, claro.

"Nunca se sabe cómo va a salir. Quizá has cocido demasiado el plato o el esmalte no ha reaccionado como esperabas. Una parte del proceso no se puede controlar", explica Kałużna.

El resultado final del proceso está fuera de su control.

"Algunas veces Kristian Baumann me habla de un plato que quiere hacer y de la forma que quiere que tenga el plato o el cuenco, pero eso es todo", continúa Kałużna.

Kristian Baumann no era el único que buscaba una manera especial de presentar sus creaciones culinarias. Lo mismo hizo la barista Mikaela Wallgreen, de la cadena de cafeterías The Coffee Collective. Participaba en la World Brewers Master Cup y buscaba una taza para presentar su café. Había visto la obra de Magdalena Kałużna y juntas crearon una taza de porcelana elegante y al mismo tiempo manejable. Este año Mikaela Wallgreen se ha hecho con una medalla de plata en la World Brewers Cup. En estos momentos Magdalena Kałużna está trabajando en una edición especial para The Coffee Collective. The Coffee Collective tiene previsto servir su café gourmet en las tazas hechas a mano y puede que venderlas.

Las formas y colores especiales se crean en estrecha colaboración con los chefs en función de sus necesidades.

¿Y después?

Magdalena Kałużna se encoge de hombros mirando la vajilla que tiene en el horno. Los platos son para un cliente particular, diseñados especialmente con y para él.

"Pues eso no lo sé. Pero por el momento tengo muchísimo que hacer", dice.

Texto: Laura Engstrøm

Fotografía: Sine Brooker

www.mk-ceramics.com

La artista graba su firma en el fondo de tazas y platos.

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