Gaggenau

Cuando el diseño
se convierte en magia.

Un banco como un árbol caído: el tronco doblegado como asiento, la corona libre y salvaje como siempre. Los diseños de Benjamin Graindorge se desmarcan de las convenciones pero sin dejar de ser funcionales.

Sofascape es el nombre del sofá (foto) que recuerda a un paisaje suave y da buena cuenta de la gran influencia de la cultura japonesa en la obra de Graindorge. Lo componen incontables piezas de cuero que parecen salidas de un juego de construcción y que se adaptan perfectamente a la espalda.

Esta es la manera que tiene Graindorge de satisfacer la necesidad que tienen las personas de lo individual e inconfundible. Muchos de sus productos se pueden encontrar en los más variados colores, materiales y modelos.

Para Graindorge un buen diseño no solo debe ser poético y práctico: también debe ser, en la medida de lo posible, individual y único. "Ya ha pasado el tiempo del diseño industrial", profetiza. "En lugar de productos en masa para decenas de miles de personas, haríamos bien en diseñar herramientas e instrumentos para fabricar pequeñas series y piezas únicas."

Barba castaña, pelo revuelto, una sencilla camiseta blanca: Benjamin Graindorge recuerda más a un agricultor que a un diseñador parisino de moda. Y eso que a sus 33 años es uno de los jóvenes diseñadores más prometedores de Europa. En su primer Soloshow 2011 incluso el Financial Times se mostró entusiasmado: "¡Cada pieza es simplemente divina!" Las formas y los colores, y sobre todo los muchos y diferentes materiales, le fascinan: la madera, uno de los materiales más antiguos y más imprescindibles para la humanidad; el mármol, al que la luz puede hacer frágil y transparente, y que empiece a brillar de forma irreal. O los huesos, "un material increíblemente puro", afirma casi exaltado.

Lo primero es el dibujo. Siempre. Un dibujo hecho con lápices de colores, impreciso, nebuloso. Recuerda a un test de Rorschach. La caótica maraña de líneas espera a ser corregida, las superficies de color deben adquirir claros contornos, volumen, materialidad. Solo entonces surge de pronto una mesa, una silla, el pie de una lámpara. "En realidad son estados de ánimo a los que intento aferrarme", así describe el diseñador francés sus "dessins atmosphériques".

Graindorge ha experimentado durante un tiempo con plantas acuáticas y peces debido a su interés por la tecnología y la ciencia. El arte y la literatura fueron un pilar esencial de su educación, "pero en casa pesaban aún más la ciencia y la tecnología". Por eso, tras finalizar el bachillerato coqueteó primero con la arquitectura, pero después se decantó por el diseño: "Quería adentrarme en profundidad en las cosas."

Esta constelación de espejos se llama Miroir Mirage (foto): lo que parece un paisaje nuboso resulta ser una combinación puntillista de miles de puntos y orificios.

Texto: Kerstin Schweighöfer>

Benjamin Graindorge

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