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Con los denominados OLED (diodos orgánicos de emisión de luz), la luz puede adoptar cualquier forma y ocultarse tras todo tipo de superficies, algo que podría revolucionar el diseño y la arquitectura.

En otoño de 2013, Blackbody (una marca de iluminación francoitaliana que produce las innovadoras lámparas OLED) inauguró una showroom en el barrio neoyorquino del SoHo. Entrar en el establecimiento es adentrarse en un futuro en el que ya no existe la lámpara como objeto: se ha descompuesto, se ha roto en mil pedazos, los puntos de luz flotan libremente por la sala.

La showroom de Blackbody fue la primera a escala mundial que vendió lámparas OLED de diseño a usuarios finales. Las lámparas están formadas por láminas de cristal extremadamente finas y extremadamente ligeras entre las cuales luce una capa orgánica. No cabe duda de que en un futuro próximo revolucionarán el diseño, la arquitectura y el consumo energético global. Las placas OLED irradian una luz blanca cálida, tienen una larga vida útil, son 100 % reciclables y mucho más eficientes que el resto de tecnologías utilizadas hasta el momento.

Hoy en día, la tecnología OLED se encuentra a medio camino entre la investigación y el mercado de masas. Ya en 1969, el químico Herbert Naarmann había planteado la tesis de que algunos polímeros específicos se comportan como semiconductores. Veinte años después, investigadores de la universidad de Cambridge desarrollaron por primera vez un diodo luminoso de esas características.

Ahora, en 2014, se puede echar un vistazo al futuro de la iluminación en la showroom de Blackbody: los paneles OLED, de tan solo dos milímetros de grosor, son tan ligeros que parecen arremolinarse por la sala cual copos de nieve. Las lámparas, o mejor dicho, los "complejos luminosos" recuerdan a las plantas exóticas casi extraterrestres del taquillazo de James Cameron "Avatar", a anémonas de mar, helechos y criaturas para las que ni siquiera tenemos nombre.

"Hasta ahora solo disponíamos de focos de luz poco estéticos y que además deslumbraban", explica el Jefe de diseño de Blackbody, Thierry Gaugain, "con los OLED la luz puede adoptar cualquier forma y ocultarse tras todo tipo de superficies". Con ellos se pueden fabricar piezas luminosas de separación de ambientes, o se pueden integrar en muebles y ventanas.

Se dice que los OLED son orgánicos porque para su producción se utilizan moléculas orgánicas. Gracias a su versatilidad, esta nueva tecnología permite entablar una relación natural y "orgánica" con la luz.

En el futuro será posible que una fuente de luz OLED reconozca cuál es la luz que el usuario necesita en un momento determinado. Esta visión recuerda a la maravillosa novela de ciencia ficción "Die Zukunft des Mars" (El futuro de Marte), en la que Georg Klein describe un material al que denomina piedra caliente. La piedra comienza a iluminarse en un color anaranjado e irradia calor en cuanto se aproxima materia biológica. Los pobladores de Marte revisten sus cámaras con paneles de piedras calientes y reciben la luz, el calor, y la idea de que en alguna parte en la inmensidad del universo, a millones de kilómetros de distancia de sus hogares, hay alguien, o mejor dicho, algo, que detecta su presencia y se dirige hacia ellos. No hace falta ir a Marte para sentir esa sensación.

Texto: Tobias Moorstedt>

Blackbody

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