Gaggenau

El renacimiento de la piedra.

En los Alpes italianos cada vez hay más pueblos cuyas casas de piedra quedan
abandonadas. Pero todavía hay esperanza. Un valiente trotamundos, voluntarios,
artesanos locales y expertos internacionales están luchando contra el deterioro.

En las montañas de Ossola, entre Suiza y el Lago Maggiore, Canova fue durante mucho tiempo un pueblito, lejos de las rutas turísticas, que sus habitantes han ido abandonando año tras año para irse a trabajar a las grandes ciudades. Aquí reinan la paz y el silencio: el único ruido que se escucha es un arroyo que pasa entre las casas de piedra antes de morir en el río Toce.

En 1993, el trotamundos norteamericano Ken Marquardt y su esposa Kali llegaron a este valle mientras daban la vuelta a Italia. Nacido en Arkansas, carpintero y experto en construcciones antiguas, Marquardt se enamoró inmediatamente del diminuto pueblo medieval olvidado en el escenario verde de los Alpes. Decidió vivir en este remoto rincón del Piamonte: compró una casa y la rehabilitó. Después compró otras ruinas y, poco a poco, se fue rodeando de un círculo de amigos, artesanos y familias de virtuosos italianos y suizos. Juntos restauraron el pequeño pueblo de montaña, que recobró su antiguo esplendor, convirtiéndolo en un pequeño colectivo solidario y autosuficiente.

En 2001, Ken Marquardt fundó Canova, una asociación para fomentar la arquitectura autóctona en piedra. La asociación toma su nombre del pueblo de Canova y en la actualidad, transcurridos 15 años, se ha convertido en un caso conocido internacionalmente. "Fue y sigue siendo un desafío muy estimulante", confirma Marquardt. Junto con su equipo, ha salvado de la destrucción numerosos edificios históricos prácticamente en ruinas y ya no habitables. El éxito de su experiencia personal le llevó a crear, como hiciera el montañero Fitzcarraldo, una especie de WWF de la arquitectura en piedra que ya cuenta con miembros en todo el mundo. En los proyectos de recuperación de Canova participan instituciones locales, escuelas técnicas y las más importantes facultades de arquitectura del mundo.

La asociación está abierta a todo el mundo: no solo arquitectos, ingenieros y diseñadores, sino también particulares que sienten pasión por la restauración y desean familiarizarse con las distintas facetas de la recuperación de edificios históricos. Desde 2009, la asociación también ha organizado varias escuelas de verano reservadas a estudiantes universitarios para explicar “en directo” el arte de la construcción en piedra. Los cursos se celebran en Ghesc, un puñado de construcciones medievales escondidas en un bosque de fresnos y robles no lejos de Canova, donde los estudiantes pueden “aprender practicando”. Les enseñan profesores universitarios, canteros, albañiles, herreros y carpinteros del lugar. Recientemente, se ha organizado junto con el Politecnico di Torino un taller dedicado a la recuperación de paisajes de bancales, pero la asociación también colabora con la Yestermorrow Design/Build School de Vermont (EE. UU.), las universidades estadounidenses de Oregón y Carolina del Norte y la Willowbank School of Restoration Arts de Ontario (Canadá).

Estos talleres cuentan con semanas de trabajo de campo para voluntarios: a cambio de comida y alojamiento, colaboran en la rehabilitación de Ghesc, y por la noche participan en actividades culturales que van del teatro a la danza pasando por la música y los cuentacuentos. “El pueblo-laboratorio de Ghesc es otro ejemplo de cómo se pueden crear redes de virtuosos entre jóvenes, maestros y artesanos para frenar el salvaje proceso de destrucción combinando materiales tradicionales y técnicas de construcción sostenibles”, explica Maurizio Cesprini, secretario de Canova. Junto con la arquitecta Paola Gardin, la Asociación Canova ha rehabilitado la decimosexta casa de Ghesc, la Casa Alfio. Es otro ejemplo de arquitectura ecológica utilizando madera y piedra locales y cal y lana de oveja como materiales de aislamiento.

Sin Ken Marquardt y la Asociación Canova el arte de la arquitectura en piedra se habría perdido rápidamente.

En 2013 la Asociación Canova fue elegida para el prestigioso Proyecto H3 de la Fondation d’Entreprise Hermès. Esta fundación subvenciona a asociaciones sin ánimo de lucro que transmiten conocimientos a las nuevas generaciones y ayudan a conservar ecosistemas frágiles. Poco después recibieron otra contribución importante de la Compagnia di San Paolo de Turín. Entre varios experimentos, en 2015 el equipo de Canova puso en marcha otro proyecto piloto para cultivar cáñamo alpino siguiendo una antigua tradición en los bancales de Baceno, Masera y Montecrestese. El objetivo es recrear una cadena de suministro local para producir aceite, textiles, papel, yeso y materiales de construcción.

Canova y sus equipos reestructuran y dan una nueva vida a las casas de piedra.

El interés en el formato creado por Canova continúa atrayendo todos los años al valle a arquitectos y diseñadores internacionales de alto nivel, que participan en el Encuentro de Arquitectura que se celebra en junio en Canova en calidad de profesores visitantes y ponentes. A lo largo de los años han participado en el encuentro Glenn Murcutt, el arquitecto australiano que ganó el premio Pritzker en 2002; el famoso dúo suizo Herzog & de Meuron; Salma Samar Damluji, una autoridad en el ámbito de la conservación de arquitectura en barro y arcilla y miembro del Consejo de la prestigiosa Da’wan Mud Brick Architecture Foundation; y Bruce Mau, un estrecho colaborador de Renzo Piano.

“Los conferenciantes del Encuentro Internacional de Arquitectura se pagan el viaje de su propio bolsillo — no se les reembolsa ningún gasto", explica Ken Marquardt. “Son nuestros invitados durante cuatro días, viven con nosotros y se quedan fascinados con nuestro dinamismo y sencillez. Y, lo que es más importante, aprecian el enfoque ético que damos a la arquitectura, que combina habilidades técnicas y prácticas con un instinto visionario." Sobre esta base, "queremos pensar que el pueblo de Ghesc se está convirtiendo en el primero de muchos otros emplazamientos abandonados de la arquitectura tradicional que van a atraer el interés en Italia y en el mundo", añade Cesprini, citando el ejemplo del arquitecto Renato Vivaldi. En Sabina, a 50 km de Roma, Vivaldi inspiró en la Asociación Canova para lanzar un proyecto de recuperación de un asentamiento medieval. "El desafío que nos hemos marcado no es crear parques arqueológicos, sino resucitar nuestro patrimonio edificado", apunta Marquardt. "Esta es la semilla que hemos encontrado y la estamos cultivando en las casas de las montañas de Ossola".

Texto: Fiammetta Bonazzi

Fotografía: Noemi Mazzucchelli

www.canovacanova.com

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